Caminábamos tomados de la mano cuando me le acerqué al oído y le susurré que no llevaba absolutamente nada bajo el vestido. Él me miró, como si me estuviera advirtiendo por primera vez y abrió la boca... No dijo ni una palabra. Recorrimos en silencio los metros que nos faltaban para llegar al teatro y,... Leer más →
Sobre un poema de Susana March
Compañeros "...Mal vestido y triste, voy caminando por la calle vieja". A. Machado Y yo te acompaño. Voy contigo. Hablamos. No nos separa nada: ni distancia, ni sexos. Vamos del brazo juntos, caminando como dos compañeros. A veces te detienes. Levantas la cabeza. Miras, sin ver, el cielo. Y es como una cascada de... Leer más →
Un brindis Pornosotras
Ella, que me conoce un poco, me tacha de viciosa. Y me dice con sorna, que la repetición no cansa. ¿A mí me acusas? -le contesto sonriendo- ¡Tú guardas mil historias! Ah -responde divertida- pero entre las dos la cuenta es otra.
Un poco Cenicienta
Hay un lugar en La Habana, uno de esos lugares hermosos y a la vez tristísimos, que me hace pensar en la lluvia. No llueve cuando lo veo y, sin embargo, gotas finísimas me trastabillan en el rostro. Una inmensa chimenea, de esas que aparecen en los cuentos infantiles, corona el espacio enladrillado y yo... Leer más →
Lo que dijo el poeta
Yo no miento, yo hago literatura. Debería cobrarte con dinero pero me conformaré con un poco de sexo.
Mmmm…
Ella sonríe (como gato que se comió el canario) mientras entorna los párpados -desde este rincón sólo se le observa el rostro- y su mirada se pierde entre los arabescos del techo. Arriba, sátiros depravados corretean detrás de ninfas semidesnudas. No puedo evitarlo, la curiosidad me mata: ¿imaginará o recuerda?
Don’t kill the mood, please
Mientras me retorcía en el suelo -relata María- un leve calor comenzaba a manarme de la entrepierna. Esa manera tan suya de observar mis movimientos me incitaba a restregarme los amarres sobre la piel desnuda. Su fútil idea de "secuestro" me asemejaba entonces hasta divertida. En esos instantes (lo confieso) anhelaba la continuación del acto... Leer más →
Hipocresía On
Ella, que me sabe enferma (sabiendo además yo que no me soporta), me pregunta con voz de niña que vende galletas: Ay, Mariancilla -nótese el diminutivo despectivo- ¿cómo te sientes? Afortunadamente, y por ello le doy las gracias al cielo y a todos los santos habidos y por haber, acudí a los restos de paciencia... Leer más →
Porque hay quien aún se ahoga…
No me busques las letras- le amenazo. No me tientes las manos. Controla esos textos dardos y guárdate los comentarios allá donde la "seguridad" te aguarda. No quieras -por segunda vez- convertirte en llamas. El humo puede (y sé que recuerdas) cerrarte la garganta.
¿Jugamos?
Él, que me sabe caníbal... y que a veces me presiente Maga, pretende leerme (aplicando las reglas de la expresión oral) un capítulo de ese libro/morbo que escribió Cortázar. Yo, anticipándome a los acontecimientos, corro a buscar una cama ancha. Quizás, si la lectura avanza, podamos los dos destender las sábanas.