Andrea, la hija del gobernador, era una niña dulce. Pecosa y flacucha, como renegando su clase, gustaba correr su potrillo blanco todas las tardes. Andrea fue una niña dulce hasta aquella noche de agosto. La hija del gobernador nunca había visto morir a un hombre. Nadie le había explicado el misterio de la sangre y sus ojos jamás habían presenciado un crimen.
Todo hasta aquella maldita noche de agosto. Aquel día, Andrea, la hija del gobernador, dejó de ser una niña dulce.

Mar: Tu profundidad conmueve. ¿Lo sabes? Lo sabes. Por eso agradezco más que escribas así, como al descuido, pretendiendo que ignoras cuánto cala una palabra.
Me halagas… estas mini-historias son un intento ingenuo de imitarte.
Pues no te hace ninguna falta, pero síguelo creyendo, para que nos regales más estampas como esta.
Yo te seré sincero, he estado dando al ratón para abajo a ver si seguía la historia, si la niña se deprimía o se convertía en una sádica de pelotas 😀
Supongo que está así a posta, no sé, comoe ra tan dulce supongo que se tornó agría, pero me falta concretar que clase de niña amarga.
Besos.
Esa es la idea… que tú te hagas una idea de la niña amarga 😉 Si te lo cuento todo no tiene gracia.
Vaya, estoy viendo ahora el blog de las fotos, menuda sorpresa 😀
No tenía ni idea, ya sabes que de vez en cuando te cotilleo un rato.
Bueno… espero que te guste… es otro intento de blog.
Eso se da por supuesto, a ver si mañana tengo tiempo de verlo en condiciones, hoy estoy deslomadillo 😀 la edad, que no perdona.
pobrecito el duende ancianito.
Necesito mimos 🙂