–Desde la altura -me decía- La Habana se ve mejor. Dulce, tranquila… como aquella tarde en que te conocí.
El faro del Morro, tan acostumbrado a los secretos, grabó la frase en los cañones herrumbrados que apuntaban a la bahía. Yo, tan distante de su abrazo como de sus recuerdos, solo atiné a sonreír. Nunca me atreví a decirle que sus memorias no eran las mías.

Y cuando la memoria diverge en los instantes eternos… entonces es eso, dos memorias que recorren sus propios pasos.
Intenso, muy intenso.
Gracias Juan… espero que no te suceda a ti.
Yo creo que el tipo la llevaba ahí por los cañones, a ver si hacía ella la asociación de ideas conveniente 😀
A tus pies, como siempre.
Ah, que si no es eso me sumo al comentario de Juan, que siempre queda bien.
mejor se une a Juan señor D, que lo veo medio pervertido hoy.
Bajo el cañón ese, pase unos momentos nocturnos inolvidables…Que tiempos
Iba a decir que contaras, pero mejor no, que me escandalizaría.
que cuente!!! que cuente!!!
Y porque no te atreviste? 🙂
porque le iba a hacer mucho daño 😦
Tal vez le hiciste mas daño al no atreverte
no creo… el pasado es mejor recordarlo bonito.
Si,del pasado lo bonito y del futuro lo precioso 🙂 la proxima,leccion ya aprendida,a atreverse 🙂
ese Morro también tiene varios secretos míos, ni te imaginas la cantidad que le he contado ya… (y los que faltan!)
shhhhhhhh…aquí no, que el mar los divulga.