Cuando el alma se enferma de nostalgia, como muchas veces suele suceder, la sonrisa amaga hacia una esquina y las lágrimas, de una en una, comienzan a escaparse por el dique roto en el que se convierten los ojos.
Cada gota salada es un pedazo de sueño que se escurre.
intenso. yo no quisiera ser él que provoca esa gota salada, pero quisiera ser él, el ojo…
le gustan las cosas saladas querido Carlos??
y las cosas dulces también querida Mar
… y la dulce mejilla sajada por la sal aguada.
sajada??? Me perdí 😦
Cuando cae la lágrima corta la mejilla a su paso, (sólo fue una figura literaria 😦
Mil perdones querido Alberto… es que las líneas de código a veces nublan mi sentido literario.
Regreso después de estar virtualmente perdida de este pedacito y como siempre me encuentro maravillas… abrazos y mariposas
Mariposa, no me robes a Mar porque si no te digo como ella a Carlos: «me caes mal!!» 😉
Ley, qué es eso!!!?? Tú eres una niña compartidora!!!
no, eso era antes de conocerte…ahora estoy aprendiendo a ser malosa como mi mamá Mimosa!! 😦
Nooooooooo…. de las dos tienes que ser la buena!!! No me puedes quitar el trabajo!!!
Gracias mariposa… bienvenida de vuelta.
🙂
ok, entendido y anotado, pero no la abraces mucho, que la «abrazable» soy yo!! grrrrrrrrrrrr
Que niña más mala!!!
no, Mar, ya quedamos en que voy a ser buenosa, para que la única malosa seas tú, 😛
más te vale.
Qué egoísta me ha salido esta niña!!!
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Las lágrimas, que llegan y se van con voluntad propia. Gracias, Mar, por estos días intento contener mi dique roto. 🙂