Lo anuncio públicamente: María ha muerto. Anteayer, mientras un tornado asolaba a Oklahoma, despacio, casi sin hacer ruido, regresó a la mar.
Ann volvió a tener el control del barco que navegaban. Y aunque el timón aún le parece grande (recuerden que la rubia es pequeñita), lo mantiene firme.
Penélope viaja en la cantina enseñándole sus tejidos. –Paciencia, -le dice- paciencia. La isla, aunque lejana, todavía no ha destruido todos sus muelles.

Un hermoso post al igual que triste
saludos
Un beso y ánimo
Sí… es un poco triste… pero así es la vida… también tiene estos momentos. Gracias por el beso y por el comentario.
De nada gracias a ti!
Yo viajaré también a Ítaca alguna vez
Ojalá tu viaje sea menos accidentado que el mío.
Me podré montar en ese barco? 😀
claro Rosi… hay muchísimo espacio. Y siempre tengo guardados camarotes para l@s amig@s
ah, entonces yo también voy!! yupi!!!!
Nos vamos todas juntas… y nos tomamos de las manos si vienen tempestades.
sí!!!! brindo por eso, pongo una de mis botellas…
Yo empujo el barco con mis olas
es un viaje lleno de peligros, pero tiene islas en su curso. cuidado con circe, calipso y las sirenas, que aunque suene un poco bi te tentarán y forzarán a demorarte años en tu camino 😉
en el post anterior menciono que a veces la travesía vale la pena 🙂
Tú qué crees?
Que no, que no se llamaba Penelope, ovarielope como mucho, el mismo nombre da fe que es imposible, «pene», hombre…
A tus pies queridisima.
jajajajaja… Ovariópele entonces querido señor D, que usted sabe más de historia que yo.
Es mera lógica querida niña, mera lógica 🙂