Eran tan amargos esos recuerdos que un día decidí abrirme las venas con la vieja navaja de mi bisabuelo. La sangre salió negra, como la tinta de tus poemas, y en ella burbujearon algunos versos. Dejar ir, (me escribiste un día) es más que dos palabras en la práctica.
Yo ensayé la paradoja y, uno a uno, fui donando tus recuerdos. “Transfusión”, lo llamó el médico; “exorcismo”, declaró el cura. Hoy otro cuerpo –que imagino hermoso- recibe tus besos en la plaza vieja.

Triste historia con esperanza. Gracias por compartir este breve pero vehemente texto. Un beso
Por nada Félix… a veces los poemas me convierten en catarsis.
Pronto otro corazón bombeará sangre más clara para hacerte una transfusión y alegrarte, puta triste. Abrazo
Que va Capitán, los exorcismos lo que hacen -pregúntele a un cura- es renovar el alma. Ya la sangre de esta puta es angelical 😉
No me cabe duda 🙂
Dejar ir.. es posible intentarlo, pero no hoy, no mañana, lo comenzaré a hacer cuando otros recuerdos me ayuden a mantener el equilibrio
Mientras ese día llega, ni pensar quien recibe los besos ni en donde
Abracitos
Bueno Mariel… imagínate que lo muerden. Así le infliges dolor en el subconciente 🙂