Lo sé, frase más cliché hay pocas.
Pero salva.
Él me despierta todos los días con una canción diferente y mientras la escucho, sonrío como si volviese a tener 20 años y estuviera allá, en casa, con mi madre peleándome por el volumen puesto.
La música salva… o mejor dicho, me salva.
Alivia los días fríos de este invierno con poca nieve; los días como hoy, de lluvia, que siempre me han puesto nostálgica, se vuelven menos grises.
Salva la música.
Y él.
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