Leo lo que escribí de ti y de mí en esos días de tanta lluvia, con Bach y los naranjos de contertulios ante el fuego y los catarros, las pupas, las mutuas manías, advirtiéndonos de aquella bomba colgada del tiesto de las glicinas que oscilaba sobre nuestras cabezas sin llegar a caer, contenida por el Atlante de la risa y el lujo inaudito de poder ignorarnos, de tener tiempos muertos, de no abundar en preguntas y respuestas cuando había tanto que disfrutar del silencio. Desde entonces hasta ahora los atlantes se nos han vuelto anémicos y quién sabe si ésos fueron y serán nuestros últimos días de lluvia, pero, de todas formas, me sigue gustando leer lo que escribí de ti y de mí, en especial lo de tu imagen con bufanda volviendo de comprar la leche y el pan, y la mía con sonrisa y pijama de osos pandas saludándote desde el balcón.
Almudena Guzmán
Este tipo de pensamientos breves y tan sinceros dan un confort dulce a los lectores. La narrativa es limpia y nostálgica, llena de transparencia que además proyecta mucho tu autenticidad, Mar. Solo se necesitó unas cuántas letras para disfrutar un poquito de esa gran personalidad tuya.
Abrazos desde otro lugar frío al otro lado del mar.
Los versos nunca están de más 😉
Abrazos de vuelta.