Consejos sanos

Soy un racimo de uvas y aguanto como puedo este oleaje creciente de mi boca aguijoneándome al sol. Hasta que estallo. No me exhumen las palabras muertas, las que se pierden su fin tuvieron. Estas que me brotan fuertes no las controlo. Sólo yo tengo la llave de la mazmorra. No embistan las murallas que... Leer más →

Apología de la alimentación

Yo tengo dos teorías acerca de la carne y los vegetales. Sí, no se asombren, he tenido que desarrollarlas en base a establecer una justificación ¿lógica? y cortante ante los numerosos detractores de mi sistema alimenticio. La primera es la más simple: ante la indagación constante de aquellas personas con sobrepeso que no entienden cómo... Leer más →

Reflejo nocturno

Ella tenía en su espalda la Vía Láctea, cada lunar se le volvía estrella. En su cuerpo, convertido en cielo, se mostraban orgullosas las constelaciones griegas. Orión, por ejemplo, exhibía vanidoso su cinturón dorado en tanto apuntaba con su flecha a Casiopea, que lloraba desconsolada a causa de las Nereidas. Castor y Pólux (par de... Leer más →

Urgentemente

Escarbar en las carpetas antiguas de un disco duro olvidado puede traer sorpresas. Hoy, por ejemplo, me reencontré con Henry Miller y esas magníficas cartas que le escribía a Anaïs. No pude menos que beberme los textos y desear encontrarme (nuevamente) en un delirio permanente. Necesito vibrar, como las cuerdas de un violín, que me... Leer más →

Sólo vuela el que se atreve

Anoche volé con Ícaro, cerca del Sol -como debe ser. Atravesar el cielo escondida en una nube no tiene mayor mérito que apuntarle con un cañón a una mariposa. La eternidad no está hecha para los cobardes. Tampoco las alas.

Defensa de la melancolía

Hoy, en una de esas canciones que ponen en la radio y casi nunca escucho, se me coló una de esas frases tan abstractas que por lo maravillosa debiera ser real: Vamos a subastar el Nobel a los que sufren de mal de amores. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? ¡Eso es precisamente lo... Leer más →

Receta corta para la felicidad

Bailar, como una posesa. Girar en manos anónimas agradeciéndole a la sonrisa de turno que te insinúe los pasos. Bullir. Que el sudor empape el pelo y la nuca mientras se mueven los pies al compás de sus caderas. Bailar… Ausentarse del mundo por unas horas.

Maldito Gordias

Tengo en la cabeza el mágico nudo gordiano que no pudieron desenredar en Frigia los generales que lo intentaron. No me funciona la técnica de Alejandro Magno. Ando por toda Grecia suplicándole a los oráculos una simple profecía. No me responden.

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