Aquella noche la caza había sido abundante, lo decían sus labios en cada gota derramada. Cada fibra de su cuerpo vibraba con las palpitaciones de la maravillosa espuma roja y sus ojos aun poseían el brillo de lo exquisito.
Ann nunca había tenido un sueño tan maravilloso…tan vívido. Por eso se asustó tanto cuando se miró en el espejo y descubrió una pequeña mancha roja que emergía de entre sus senos.

Eso pasa por no pellizcarse.
eso le dije yo… qué pesadilla!!!
No imaginaba así a Ann…. 😦
bueno, a Ann también se le permiten las pesadillas, no?
Para ser aún más interesante 😉
Es muy cierto que hay sueños que dejan cicatrices en forma de recuerdos que un día, sin darnos cuenta, elevamos a la categoría de reales.
Por eso me gusta soñar.
Un abrazo, amiga cubana.