¿Y si hiciéramos entre todos una máquina contra el olvido?… o mejor, una que permita olvidar. ¡Podríamos subir la patente a Amazon y volvernos millonarios! ¿Quién no la compraría?
Todos tenemos algo que queremos olvidar.
Yo, la muerte de mi abuela, mi padre la de su madre, el nieto del vecino la de su perro y me imagino que el perro, si estuviera vivo, le encantaría dejar de recordar (si es que los perros recuerdan) el horrible accidente en el que murieron sus hermanos.
No hay un ser humano (y discúlpenme la pretensión de generalizar) que no tenga en su memoria algún pésimo recuerdo. Puede tratarse, incluso, de una experiencia sexual completamente errónea o alguna mala acción de la que se arrepiente. Siempre hay algo.
Borges, el magnífico poeta, lo resumió en una frase: «El olvido es la única venganza y el único perdón».
Hay cosas que mejor olvidarlas Mar, pero no todo; olvidar todo es peligroso. hay dolores que deben permanecer en nosotros como una advertencia o como una señal.
Cariños.
Es cierto Borgeano… pero a veces es muy duro… a veces recordar hiere.
Olvidar es un arma que tenemos, que cuesta usar como quisiéramos, es conveniente no olvidar todo como dice Borgeano, usar los recuerdos como experiencias, ya el rencor es otra cosa.
Besos y a tus pies.
Rencorosa no soy querido señor B, no se me da bien… afortunadamente sólo soy un poco cínica.
No. Ni olvido ni perdón, para mí ni para nadie; suficiente con saber que cuando me vaya estaré en la prescripción por los siglos de los siglos, yo y cada cosa y cada hecho que fue mío.
No, no quiero. Ojalá y fuera posible que por siempre alguien conservara un sólo recuerdo de lo que fue, ese sucedáneo triste de la intemporalidad. Ojalá y no sucediera como lo avisó Borges:
¿Dónde está la memoria de los días
que fueron tuyos en la tierra, y tejieron
dicha y dolor y fueron para ti el universo?
El río numerable de los años
los ha perdido; eres una palabra en un índice.
Dieron a otros gloria interminable los dioses,
inscripciones y exergos y monumentos y puntuales historiadores;
de ti sólo sabemos, oscuro amigo,
que oíste al ruiseñor, una tarde.
Entre los asfodelos de la sombra, tu vana sombra
pensará que los dioses han sido avaros.
Pero los días son una red de triviales miserias,
¿y habrá suerte mejor que la ceniza
de que está hecho el olvido?
Sobre otros arrojaron los dioses
la inexorable luz de la gloria, que mira las entrañas y enumera las grietas,
de la gloria, que acaba por ajar la rosa que venera;
contigo fueron más piadosos, hermano.
En el éxtasis de un atardecer que no será una noche,
oyes la voz del ruiseñor de Teócrito.
Jorge… al menos puedes contar con mis recuerdos.
No, Mar querida, no cuento con eso porque vos ya tendrás tu máquina espantosa: un clic y un recuerdo borrado; otro clic y un año se fue a bolina. Además ya serás millonaria.
Pero yo sólo quiero borrar 3 recuerdos!!!
al fin lo leo!!! y no se me va a olvidar!! 😉
nos sienta bien esto de la complicidad 😉
Recuerdos, malditos perturbadores de la paz, sería interesante poder recordarlo todo de manera nítida o no recordar nada, como si sufriéramos de la más implacable amnesia.
Así tal vez tendrían un mejor propósito los recuerdos, un historial detallado de nuestras vidas o un inútil accesorio que vamos botando cada tanto.
Gracias
Esa sería una manera genial de administrar los recuerdos… si encuentras la manera, por favor, dime cómo.
Muy bonito este post Marian, de hecho todos son muy bonitos, me gusta mucho tu blog!!!
Gracias Claudia… eres más que bienvenida 🙂