
…He says, Son can you play me a memory
I’m not really sure how it goes
But it’s sad and it’s sweet and I knew it complete…
La música le brotaba de los dedos como si en vez de clavijas tocase a una mujer. Yo suspiraba. Tenía las manos largas de las que hablan los poetas y entre sus palmas la partitura blanca simulaba apenas un trocito de papel.
En ocasiones, el piano vibraba con tanta fuerza, que las luces del salón comenzaban a parpadear. Era entonces que el pianista, acostumbrándonos a las sorpresas, aquietaba sus embestidas y, con una ternura descomunal, acariciaba la superficie dura del instrumento.
Mil veces en esa noche me descubrí convertida tecla: era yo una de esas piezas pequeñas que festejaban sus dedos y mis gemidos eran los gritos que estremecían las cuerdas.
¡Un concertazo! – me susurró un amigo. Mi subconsciente solo sugería orgasmo.
Delicioso criterio, besitos
¿Quién lo duda? Seguro el pianista estaba en tu concierto, no en el otro.
Bueno Enrique, de que estaba en mi concierto, estaba 😉