Y viene la serpiente a morderme el tobillo, a inyectarme, maliciosa, su veneno dulce. La piel comienza a transpirarme, los ojos a cerrarse, la boca a abrirse. Una corriente me sacude el cuerpo y caigo al piso con el mismo estrépito que un dique al partirse.
Muriendo voy, poco a poco, arrastrándome tras sus colmillos. Busco en su piel la dulce humedad del alivio y le susurro – aprendiz del idioma pársel- que no se me vaya lejos… Necesito preguntarle urgente, en dónde escondió al principito.
No está escondido, está trastocado entre la imagen del elefante invisible y las espinas de la modernidad, la serpiente, en realidad, no ha tenido nada que ver.
Esa es tu versión, en la mía lo tiene raptado para que no lo mostremos como un espécimen raro.
Me gusta la idea, pero crees que si estuviera raptado, no lo habrían soltado ya? o se hubiese ido enganchado de una estrella? aunque el hecho de estar raptado explicaría muchas cosas…
A lo mejor lo criogenizaron.
No podés imaginar como me gustaría poder educarte .
Pero se que eso no es posible ; Vivimos en mundos increíblemente alejados e incompatibles.
No lo vas a creer, pero lo digo con tristeza.
Tú crees? sería un crimen, aunque a lo mejor en el futuro lo agradezcan, de todas formas, tengo que revisar el congelador, porque de vez en cuando me encuentro sorpresas, ya te contaré. 😉