Y él, que no sabe que lo escucho, levanta el teléfono y le suelta: Ayer me calenté mucho pensando en ti. Ella (supongo) le debió contestar algo subidito, porque acto seguido, como si de un juego de roles se tratara, colgó el teléfono, registró el bolsillo y sacó un condón. La imaginación me carcome.
Porque no se vuela con el cascarón
Y viene la serpiente a morderme el tobillo, a inyectarme, maliciosa, su veneno dulce. La piel comienza a transpirarme, los ojos a cerrarse, la boca a abrirse. Una corriente me sacude el cuerpo y caigo al piso con el mismo estrépito que un dique al partirse. Muriendo voy, poco a poco, arrastrándome tras sus colmillos.... Leer más →
¿Tiempo libre?… Chúpiti!
No sé cómo lo hacen, pero cuando te escuchan decir esas palabras -aunque uno las susurre al viento con voz apenas audible- ellas se encargan de rebatir la afirmación. ¿Que no hay nada que hacer? ¡Ja! Y de repente, como si de un acto de magia se tratara, aparece de la nada un montón de... Leer más →
Mujer marcada
Caminábamos tomados de la mano cuando me le acerqué al oído y le susurré que no llevaba absolutamente nada bajo el vestido. Él me miró, como si me estuviera advirtiendo por primera vez y abrió la boca... No dijo ni una palabra. Recorrimos en silencio los metros que nos faltaban para llegar al teatro y,... Leer más →
Un brindis Pornosotras
Ella, que me conoce un poco, me tacha de viciosa. Y me dice con sorna, que la repetición no cansa. ¿A mí me acusas? -le contesto sonriendo- ¡Tú guardas mil historias! Ah -responde divertida- pero entre las dos la cuenta es otra.
Un poco Cenicienta
Hay un lugar en La Habana, uno de esos lugares hermosos y a la vez tristísimos, que me hace pensar en la lluvia. No llueve cuando lo veo y, sin embargo, gotas finísimas me trastabillan en el rostro. Una inmensa chimenea, de esas que aparecen en los cuentos infantiles, corona el espacio enladrillado y yo... Leer más →
Don’t kill the mood, please
Mientras me retorcía en el suelo -relata María- un leve calor comenzaba a manarme de la entrepierna. Esa manera tan suya de observar mis movimientos me incitaba a restregarme los amarres sobre la piel desnuda. Su fútil idea de "secuestro" me asemejaba entonces hasta divertida. En esos instantes (lo confieso) anhelaba la continuación del acto... Leer más →
¿Jugamos?
Él, que me sabe caníbal... y que a veces me presiente Maga, pretende leerme (aplicando las reglas de la expresión oral) un capítulo de ese libro/morbo que escribió Cortázar. Yo, anticipándome a los acontecimientos, corro a buscar una cama ancha. Quizás, si la lectura avanza, podamos los dos destender las sábanas.
Canibalismo
Él, que conoce mis debilidades, desnudó sus manos y las metió lentamente en aquella mezcla pastosa que asomaba desde la cocina. No pude resistirme. De uno en uno le devoré los dedos.
Cuestión de semántica
Él le dijo que si cambiaba (como si hubiera algo que cambiar) la perdonaba (como si hubiese algo que perdonar) e incluso volvía (como si tuviera donde regresar).