La última vez que se supo de él fue en aquella historia de Don Quijote. Andaba haciéndose pasar por gigante y, en plena demostración de tamaño, rompía la endeble lanza del pobre dueño de Rocinante.
Sugún las malas lenguas, la demanda de Sancho por daños colaterales lo declaró en bancarrota.
Ahora se gana la vida tapándole el sol a los paseantes.
El molino

soy de los afortunados que ha estado a su sombra
Yo, más afortunada, lo he recibido de regalo.
Mar: ¿Qué tendría el molino (sus brazos, su constancia, su corpacho…) para recibir el papel de malo, de gigante, en la caballeresca historia de Cervantes? ¿Será que fue un aspazo lo que lastimó la mano del gran manco?
Quizás, en un tornado, se le asemejó un fansasma. (Hay tornados por España??)
Debe haberlos. ¿De dónde si no habrá sacado El Zorro (un tipo españolísimo aunque rasgaba pantalones en otras tierras) el nombre de su caballo?
buen punto
Casi en el patio de la casa donde crecí hay un molino de viento herrumbroso y persistente. En las noches con viento hacía mil esfuerzos por mover las aspas. Cuando lo lograba siempre me parecía el llamado a todas las ánimas errantes que vagaban solas en medio de la noche. Y me moría de miedo!!! Gracias por provocarme el recuerdo.
Gracias a ti por la confesión… y felices navidades.
Bonita historia, bonita quien la ha escrito, afortunado yo por poder leerla y postrarme a sus pies 🙂
Feliz navidad guapa.
Felices sean las suyas señor D…. y gracias por lo de bonita. Un beso navideño desde la altura (ando en el trineo de Papá Noel).
Siempre he sentido cierta lástima por aquellos molinos. Y estoy seguro que ni por un soplo de viento quisieron lastimar a tan excelso caballero. Creo que ellos también son víctimas de la locura.
será??
Claro!!!